CANAL U.N.O

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sábado, 1 de septiembre de 2012

La ciudad subterránea de Erks es cosa de otro mundo





Erks, cuya existencia ni inexistencia se puede demostrar, es objeto de conjeturas y aseveraciones de muy diferente calibre y calidad científica, desde ovnólogos a chamanes o simples entusiastas de lo desconocido.



Estaría debajo del cerro Uritorco, asiento según los creyentes de platos voladores (ovnis) desde que hace décadas un objeto volante quedó documentado. Los que organizan ceremonias cuasi religiosas en las cercanías, dicen sentir en las manos la influencia que brota de las entrañas de la tierra donde Erks se extiende en medio de una luz maravillosa, con construcciones y habitantes de una suavidad feérica, que quizá esperan momentos más propicios, o más próximos al deshaucio de nuestra civilización para manifestarse a todos.

Y no es para menos, al aproximarnos al lugar comenzamos a percibir ver dos cerros que se alzan solitarios al cielo, como induciendo a pensar que en realidad no deberían estar en ese lugar. La historia del Cerro debe su fama a partir de presuntos avistamientos y hallazgo de extrañas huellas desde el año 1986.

Junto al Uritorco (Cerro Macho), hay otro cerro similar, por cierto bastante extraños por la soledad con que levantan sus moles al cielo, que sin duda ya llamó la atención de los indígenas de la zona, llamados  “comechingones” desde la llegada de los europeos.



En el interior de los cerros, según las leyendas,  hay interminables galerías que pueden hasta cruzar a otros continentes.

Erks sería una base extraterrestre que se extendería dentro del “Triangulo de Terrera”, entre el  cerro Calaguala, en las cercanías de San Agustín,  Córdoba; Serrezuela y  Cerro Colorado, famoso también por su vinculación con  Atahualpa Yupanqui. Erks se ubicaría al noroeste del cerro Uritorco y en las cercanías de otro monte de la Sierra Chica, conocido como el cerro Pajarito.

El  “Bastón de Mando”
El Bastón de Mando, otro de los fundamentos de la fe en Erks, apareció en la década de los 30 del siglo pasado cerca del Uritorco. Es una  piedra  negra pulida parecida a un bastón, de poco más de un metro y de ocho mil años de antigüedad.

El bastón de Mando  se llamó también “Piedra de Habla”, denominación que alude a presuntas  vibraciones que emitía el objeto interpretadas como una voz del más allá que daba respuesta a las inquietudes humanas: un oráculo.

Erks
La presunta ciudad subterránea de Erks tiene entradas visibles para los chamanes, pero no para el común de la gente. Allí, como en la misteriosa ciudad del Preste Juan en Asia, habría espejos sagrados, símbolos de la posibilidad de ver en la eternidad, tanto ahora como en el pasado o el futuro.

Con los tres espejos sagrados de Erks,  los  maestros pueden relacionarse directamente con otras ciudades secretas, con las naves cósmicas que se desplazan por el espacio y también penetran en Erks, y con el “Reino Supremo” en algún lugar del Cosmos fuera de la Tierra.



De noche, Erks ilumina cerros y  quebradas con una tenue luz blanquecina; pero cuando las naves cósmicas abandonan el recinto, desplazándose por encima de la sierra con sus luces blancas y brillantes, la superficie de los campos se torna iridiscente a causa del mensaje de paz y de amor que irradian sobre los hombres que las contemplan.



El sacerdote Kitiuma es el regente absoluto de la ciudad de Erks, dentro de esa milenaria urbe de los espejos vive también el sacerdote Watuma o Guatuma, primer miembro del Consejo, quien firma decretos y autoriza el ingreso de todos aquellos seres y humanos que han sido formados metafísicamente en la dimensión cósmica, lo cual ha despertado su intelecto superior.

Por lo pronto, los turistas son recibidos junto al Uritorco, donde hay una represa notable en medio de rocas que tienen miles de millones de años de antigüedad,  por toda clase de personas interesadas menos en lo sobrenatural que en la propia superviviencia, y aprovechan la confianza y la generosidad transitoria para el gasto que caracteriza a los visitantes, para venderles toda suerte de objetos terrenales que pretenden recordar al otro mundo.



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